jueves, 1 de marzo de 2007

Retórica y arquitectura




Si bien en el origen los griegos construyeron la noción de arquitectura a partir del concepto de techné, ya que la palabra arquitectura proviene del griego “αρχ” (es decir “jefe o quien tiene el mando”) y de “τεκτων” (“constructor o carpintero”) -estableciendo así que el arquitecto es el jefe de la construcción y la arquitectura es la técnica o el arte (ars) de quien realiza un proyecto-, la vinculación estrecha que hay entre arquitectura y retórica fue adormecida gracias a la instauración de una metáfora cristiana que sostiene que si Dios es el arquitecto del mundo y el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, luego entonces el arquitecto es como un Dios en la tierra, capaz de crear el cosmos y las metáforas del universo sobre la tierra.
Ya Vitruvio había señalado los fundamentos retóricos de la techné arquitectónica, no sólo cuando hablaba de los principios que toda arquitectura tenía que tener siempre en equilibrio: Belleza (Venustas), la Firmeza (Firmitas) y la Utilidad (Utilitas), sino también cuando proponía entender la arquitectura como compuesta de cuatro elementos: orden arquitectónico (relación de cada parte con su uso), disposición ("Las especies de disposición [...] son el trazado en planta, en alzado y en perspectiva."), proporción ("Concordancia uniforme entre la obra entera y sus miembros.") y distribución (“el mejor uso posible de los terrenos y los espacios”).

Sin embargo la idea del Arquitecto como creador del mundo instauró un lenguaje y un ethos del arquitecto donde los lugares y tópicos claramente documentables con los que se hacen las obras pasaron a estigmatizarse como productos del genio, de la iluminación y de la trascendencia que hicieron finalmente que la teoría de la arquitectura se sujetara a la búsqueda metafísica del arquitecto como productor del Todo más que al análisis crítico de los principios deliberativos y humanos de su producción. Uno de sus resultados es sin duda la costumbre, ampliamente generalizada en la enseñanza de la arquitectura (y de la cual los usuarios son normalmente las víctimas), de que las obras de los artífices, considerados ahora Dioses, no pueden ponerse en discusión so pena de cometer una herejía.
La retórica está presente sin embargo en cada obra arquitectónica. La arquitectura es retórica en cuanto que consideramos que un arquitecto, a través de una producción concreta, y operando sobre una tópica multidimensional (estética, ideológica, emotiva, ética y política) hace una invitación al usuario a adoptar un ambiente físico para organizar sus actividades bajo ciertos principios y quien a su vez puede responder a la complejidad de esa invitación adoptando, negociando o refutando sus estructuras. Es decir este modelo propone que la retórica es la sinergia que se produce entre la agencia realizada por el arquitecto, la realidad de la obra y la respuesta del usuario, asumiendo también que las decisiones pertenecen al reino de lo posible más que de lo necesario, por lo cual los proyectos tienen que ser deliberados más que iluminados y su universo tópico es susceptible de la documentación, la crítica, la teoría y la enseñanza.
Generando espacios, alturas, grosores, distribuciones, recorridos, texturas, colores, materiales e incidiendo en el medio ambiente, los arquitectos hacen retórica y por tanto producen argumentos para la polis, argumentos que nos indican cómo debemos vivir y comportarnos (al menos de ello tratan de persuadirnos). Nadie puede evadir la retórica que existe en el diseño de las oficinas de los jefes, -que establecen la distancia de la autoridad- o la púdica actividad retórica que trata de eliminar todo lo escatológico de las casas, o la tópica de la altura de las grandes catedrales y los rascacielos, que imponen un discurso de superioridad en las ciudades a base de la producción de una escala suprahumana. Todos esos tópicos históricamente construidos son parte de las convenciones con las que se construye la vida social, y muestran nuestras ideologías de una forma práctica.
Paul Alan Johnson, haciendo una teoría de la arquitectura que parte de la retórica, propone una tópica contemporánea para dilucidar el universo de lugares con los que la arquitectura participa en la organización de esas convenciones sociales. La arquitectura, dice, se construye retóricamente a partir de que pone en juego agencias que tienen que ver con las siguientes dimensiones: identificación, definición, poder, actitudes, ética, orden, autoridad, gobierno, interrelaciones y expresión. (The Theory of Architecture: Concepts, Themes & Practices, New York: Van Nostrand Reinhold, 1994) Es un buen principio que la arquitectura esté volviendo a retomar su discusión como techné retórica.

Joan Brossa, Poema visual transitable, Velódromo de Horta, Barcelona.