viernes, 13 de abril de 2007

Moralismo y retórica en las historias Disney

Sin duda el arte de contar historias es uno de los artificios retóricos socialmente más poderosos. Las historias, que funcionan más por el mecanismo de la verosimilitud que por el de la “verdad”, son una vía fundamental para que la colectividad configure sus mitos, delinee sus creencias entre lo bueno y lo malo, genere los símbolos que establecen los umbrales entre la felicidad y la fatalidad, por ejemplo. El relato es un articulador a la vez razonado y emotivo de nuestras motivaciones vitales. Aristóteles señalaba en su Poética este poder en función de que las historias no enseñan, como la filosofía, a través de lo general, sino de lo particular: los postulados éticos son encarnados en situaciones específicas, en imágenes tangibles, en personajes animados (caracteres) así como en las acciones dramáticas que desarrollan. Este mecanismo genera una impronta formidable en el sujeto. Las historias y las formas de contarlas se han desarrollado por ello con múltiples técnicas en la cultura occidental, siendo así un campo donde la Retórica y la Poética se han vinculado incluso hasta confundirse: la tópica y la estilística literarias, en función del poder que brindan, son instancias que se han cultivado ampliamente desde la antiguedad grecolatina.
Es este principio retórico el que está también detrás de la industria de la animación. Los films populares son la forma moderna en donde este arte de contar historias para incidir sobre las creencias del público se erige como una función socialmente decisiva.
Las historias animadas de Walt Disney son en este sentido un ejemplo crucial. El libro de Annalee R. Ward, Mouse Morality: the Rhetoric of Disney Animated Film (University of Texas Press, Austin, 2002) es una clara muestra de ello. Ward señala que las historias animadas de Disney han jugado un papel crucial en la formación de los niños y padres norteamericanos (y de muchas partes del planeta) al mantener una idea altamente conservadora y puritana del mundo a través de lo que parecería ser una simple diversión o una fantasía. Disney pretende ser ecuménica, funciona como el “STORYS R’ US” de nuestro tiempo, pero de forma sistemática presenta argumentos inconsistentes debido a los contenidos sexistas, clasistas, racistas, moralizantes, o que contienen malinterpretaciones de la Historia, y los cuales sin embargo parecen inofensivos y legítimos, pues se presentan como si estuvieran rodeados de un aura de inocencia. Los padres consideran que son buenos para los niños, pero éstas maquinas de enseñanza tienen un rol persuasivo en la tarea de construir una autoridad y una legitimidad cultural para enseñar roles, valores e idaeles específicos de una forma más consistente incluso que las escuelas públicas, las instituciones religiosas y la familia misma.
El libro de Ward sin embargo no sólo caracteriza este sistema a través del análisis de varios films, sino enseña también cómo funciona la Retórica (es otro de sus objetivos) pues como quiera que la moralidad conservadora de las animaciones Disney se ha granjeado un amplio mercado sin afrontar mucho la crítica de sus contenidos (como sí sucede por ejemplo con los films violentos, la pornografía o los talk shows) lo cierto es que ello ha sido logrado con instrumentos tecnológicos sofisticados y también con técnicas narrativas depuradas, donde la habilidad retórico-literaria ha sido fundamental.
Las historias de Disney, dice Ward, han tomado secuencias y modos dramáticos de los textos clásicos para construirse, ya que ello les garantiza efectos comprobadamente eficaces. En la historia de El Rey León, por ejemplo, hay una escena donde Skar le muestra al pequeño Simba todo el reino del cual él será el monarca, pero después le señala la zona oscura donde habitan las hienas, y le pide que le prometa que “jamás visitará ese lugar”. La secuencia, en sus diálogos y en su lógica dramática, remite al texto bíblico ahí donde la serpiente le muestra a Adán el paraíso pero le indica la manzana “que no debe morder”. La correspondencia textual y literaria es precisa, de hecho el film del Rey León está lleno de secuencias que remiten al Edén, a la confrontación moralizante entre el bien y el mal y al aura divina de la redención tal como aparecen tales temas en los textos bíblicos; todo ello vinculado a valores racistas actuales ahí donde los monarcas son leones rubios y el malvado (Skar por ejemplo) tiene la piel más oscura. Este ejemplo, y el libro Mouse Morality en su conjunto, es una muestra de cómo tales relatos construyen su poder recurriendo a una tópica específica, y moldean sus trayectos elocutivos recurriendo a la estilística clásica, solo que aquí a través de la “animación por computadora”.


El relato es pues un discurso articulado que parte de una taxonomía de valores, los cuales son llevados a la formación de una trama (el mito), de unos personajes y unas acciones que ponen en marcha esa taxonomía en la mente del público: la Retórica permite hacer persuasiva esa ideología. Y una cosa más: el éxito de este procedimiento abarca también, como señalaba Aristóteles en su Poética, a la opisis (el espectáculo) pues no cabe duda que tales films han depurado también este aspecto en su montaje, musicalización, caracterización y en el complejo control de los movimientos y los matices plásticos. Disney sin duda ha capitalizado bien las enseñanzas de Aristóteles. Cualquier otro puede hacerlo también.

2 comentarios:

Jesús dijo...

La pregunta debería ser dirigida a Román, pero espero que ustedes hayan tenido al menos un debate en torno a este libro, así que va a ti . A mi me queda claro el auditorio, los lugares de pensamiento bíblicos y la puesta en juego de la idelogía como factor de persuasión,el uso de las dimensiones de la audiencia, que desde el punto de vista de la retórica son conceptos fundamentales usados por la disciplina. A falta de encontrar donde Romån conteste, mi pregunta es sobre la razón por la que criticó tan duramente a con Analee Ward en el seminario.Te acuerdas?

Alejandro Tapia dijo...

Jesús
En efecto Román hizo una crítica a este libro por dos razones: él dice que los filmes de Disney, independientemente de la lógica moralista que contienen, se consumen ampliamente por otras razones (por que son divertidos, tecnológicamente bien hechos, etc.) y dice que nadie en EU o en el Mundo es moralista por haber visto esos filmes. Así que acusa a la autora de ideologizar mucho el análisis. Por otra parte, Román considera a la retórica una disciplina para la producción más que para el análisis. Pero por supuesto que todo ello tendría que ser más discutido con el.