sábado, 28 de abril de 2007

La ironía y sus empleos

Llamada con frecuencia a comparecer en los discursos, y animada por la abundante ingenuidad o ignorancia que deambula por el mundo, la ironía -del latín εiρων (eiron)- es un tropo que consiste en producir un enunciado donde lo que se dice es lo contrario de lo que se entiende, y donde la verdadera intención se infiere por la situación en la que el enunciado se produce. La ironía se genera para destacar la incongruencia o risibilidad de algo o de alguien. Cuando alguien por ejemplo dice “¡qué buenas respuestas!” a un alumno que ha hecho un mal examen tenemos una ironía típica.

La Retórica ha estudiado por siglos este tropo, que es considerado esencial para realizar el ajuste que se requiere entre la expresión del pensamiento y las creencias de la audiencia, ya que lo que la ironía permite subrayar son los acuerdos que realmente subyacen al intercambio comunicativo.

La ironía requiere pues de una víctima, así como de una audiencia que es capaz de resolver la aparente incongruencia de un enunciado. Ambos, ironía y víctima, son interdependientes, ya que ironía depende de la ingenuidad de otros, del mismo modo como el escepticismo depende de la existencia de creyentes.

En su libro, The Compass of Irony (London, Methuen &. Co., 1969), D.C. Muecke señala que “la típica víctima de una situación irónica es fundamentalmente un inocente, de modo que la ironía de la mayoría de las situaciones irónicas es que éstas no pueden existir sin el alazon o charlatán complementario” (p. 30) La antigua comedia griega situaba a la figura del eiron como opuesta al del alazon, siendo éste último, según Aristóteles, aquél hombre que “se atribuye cualidades dignas de alabanza que realmente no tiene, o que tiene en menor grado del que alardea" (Aristóteles, Etica a Nicómaco 1127a 21). En la ironía el alazon o víctima es la persona que ciegamente asume algo y que no sospecha que las cosas puedan ser de otra forma, mientras que el irónico es el que aprovecha esa ocasión para recordar la falla, lo que le permite a la vez sugerir que frente al caso tiene un estatus de mayor valía.

A la ironía le concierne pues el mundo de los valores que deben actualizarse en las situaciones propicias y según Muecke “el objeto de la ironía puede ser una persona (incluyendo al propio ironista), una actitud, una creencia, una costumbre social, una institución, un sistema filosófico, una religión, una forma de civilización o la vida misma” (34)


En tanto que la ironía se gesta en el transcurrir del intercambio comunicativo, su proferición entraña una prosodia particular (como toda la actio retórica) Por ello el poeta Marcel Bernhardt, a fines de l siglo XIX, propuso una marca de puntuación para el enunciado irónico, que consiste en una especie de signo de interrogación pequeño y volteado, y que sería llamado signo de ironía (؟). Bernhardt a su vez seguía a Havré Bazín, quien a su vez había creado otros signos de puntuación innovadores, tales como los signos de duda, certeza, aclamación, autoridad, indignación y amor. He aquí diferentes versiones del signo de ironía:



Para emplear este signo, tendríamos que hacerlo así:

Si el amor es ciego, porqué el diseño de ropa íntima es tan popular؟

Sin embargo, el uso de estos signos es bastante extraño, la ironía tiende más bien a marcarse con otras formas, utilizando por ejemplo las comillas (-está “bien sano” este amigo-) o cursivas ("fueron las elecciones más transparentes de la historia"). En otros casos los internautas utilizan caritas (emoticons) para marcar estas intenciones.

La víctima, por su parte, puede saber o no que se encuentra en una situación irónica.
A su vez Wayne C. Booth, partiendo a su vez de Muecke, señala en The Rhetoric of Irony (Chicago, University of Chicago Press, 1974) que la ironía es un instrumento que “forma comunidad”, en el sentido de que es una manera de manifestar dónde debe estar el consenso. Cuando analizamos quiénes son los participantes dentro de ese acto social que llamamos ironía, observamos que “la relación entre el ironista y sus audiencias es política por naturaleza, ya que, a la vez que provoca risa, la ironía invoca nociones de jerarquía y subordinación, juicio e incluso de superioridad moral." (17)

Así, la ironía, para tener éxito, implica dos audiencias: aquéllos que reconocen el juego irónico y están dispuestos a divertirse con él, y aquéllos que son el objeto de la sátira y que son engañados por ella (además de la existencia del alazon) Para Both, hay cinco circunstancias por las que una persona puede ser víctima de la ironía: por ignorancia, por inhabilidad, por prejuicios, por inexperiencia y por sentimentalismo o inadecuación emocional.

La Retórica a su vez clasificó los diferentes tipos y procedimientos irónicos. Hay por ejemplo tres tipos de ironía:

Ironía verbal: cuando un autor dice algo para significar lo contrario.

Ironía dramática: cuando la audiencia percibe en una obra teatral o literaria que algo le sucede a un personaje pero éste lo ignora.

Ironía de situación: cuando se señala la discrepancia entre algo que es y lo que debiera ser.

Muchos fotógrafos y caricaturistas, sea por que retratan o porque diseñan deliberadamente una situación, o porque usan los tópicos de la imagen o vinculan los tópicos literarios con los visuales, se sirven de la ironía para actuar frente a lo real, como sucede en las series del fotógrafo Chema Madoz:


Observemos ahora la imagen siguiente, donde el fotógrafo halla en un pueblo del norte de México una escena irónica. Es una ironía situacional, donde vemos tres instancias: primero la escena en sí (donde las víctimas son personas que han hecho algo pretencioso), segundo, el ironista como fotógrafo (y donde su agencia consiste en advertir la anomalía y encuadrarla con su objetivo) y tercero, el “nosotros” como audiencia (que somos quienes debemos reconocer la incompatibilidad entre lo que es y lo que debiera ser):



Esa ironía es a su vez diferente a la siguiente, hecha por un caricaturista, y donde, para resolver el enunciado como irónico debemos conocer el spot de televisión que hiciera el entonces candidato a la presidencia Roberto Madrazo (donde pretendía espantar a los delincuentes, amenazándolos hasta hacerlos orinar). La ironía no sería percibida ni siquiera en otro país hispanoablante, por ejemplo, de modo que vemos cómo la participación de la audiencia (sea general o particular) es imprescindible para el enunciado irónico:

La ironía tiene entonces varios procedimientos: La antífrasis, cuando se da a algo un nombre que indique las cualidades contrarias (llamar “flaquita” a una gorda), el asteísmo, cuando se finge un vituperio para alabar con más finura (“casi no sabes nada” a un letrado), el carientismo, cuando se usan expresiones que suenan verdaderas o serias para burlarse (“es una finísima persona” ante un ladino), clenasmo, que consiste en atribuir a alguien buenas cualidades que nos convienen, y a nosotros, sus males cualidades (“Tu vigoroso estado atlético contrasta con mi débil figura”, cuando en realidad es al revés), diarismo, humillar la vanidad del otro recordándole cosas de las que debe avergonzarse (“muy catrín pero abajo traes tus tirantes para que no se te caigan los pantalones”), mimesis, imitación de alguien a quien se quiere ridiculizar; sarcasmo, cuando la burla es tal y tan cruel que se convierte en insulto; la meiosis, atenuación que rebaja exageradamente la importancia de algo que en verdad la tiene; auxesis, lo opuesto a la meiosis, tipo de hipérbole irónica que confiere una importancia desmedida a algo trivial o despreciable; la tapínosis, utilizar palabras que rodean lo que se quiere decir para rebajar la importancia de algo (“muchachito, es hora de que contestes” dicho a una persona mayor).

La ironía es pues un tropo involucrado con el contexto comunicativo que implica un sentido literal y un sentido segundo, intencional. El Ggrupo μ lo clasifica por ello dentro de los metalogismos, pues las figuras de este grupo se estructuran sobre la relación del lenguaje con su referente, que en éste caso es equívoca. Tal definición esta presente en el siguiente cartel, que invita a que pensemos en que una zona fuera de la ironía sería donde no existen “segundos sentidos” tras las palabras.